Buletin No 2

BREVE HISTORIA DE LA EUCARISTIA 1 PARTE

Como todos los sacramentos, la celebración de la Eucaristía ha cambiado a través de los siglos. Nuestra pequeña historia enfatizará algunos hechos sobresalientes de cada era.

Los Primeros Años

La Eucaristía comenzó en La Última Cena y las primeras comunidades siguieron el mandato de Jesús de “partir el pan” en su nombre. (Hechos 2:42).

En la Primera Carta a los Corintios, San Pablo describe una Eucaristía que se celebraba en una cena comunitaria, que se compartía en las casas de los primeros cristianos. En esta cena se incluía la bendición del pan y del vino, el partir el pan y la comunión. San Pablo nos relata los abusos en esta cena comunitaria. Por ejemplo, algunas personas bebían demasiado; otras se olvidaban de compartir la cena con los pobres que estaban entre ellos. Esto dejó atónito a Pablo ya que el propósito de la cena era la de celebrar al Señor en medio de ellos. El comportarse egoístamente traía consigo una advertencia muy seria: “Cada uno ha de examinarse a sí mismo y sólo entonces comer del pan o beber de la copa; porque la persona que come y bebe sin reconocer al cuerpo está comiendo y bebiendo su propia condenación." (1 Cor 11:28-29).

Muy pronto, la eucaristía ya no se celebraba en la cena. Por ejemplo, cuando San Justino escribe sobre la Eucaristía en el 150, no menciona la cena. Mientras el número de cristianos crecía, la Eucaristía se celebraba independientemente de la cena comunitaria.

El Segundo/Tercer Siglos

Una vez que la comunidad apostólica ya no existía, la liturgia que se desarrolló usaba cada vez más, leía, y reflexionaba en lo que habían escrito los líderes de la primera generación así como Pablo. Cuando los judío-cristianos ya no eran bienvenidos en el servicio de la sinagoga, ellos agregaron las oraciones, cantos, cánticos y homilía a la liturgia eucarística. Hoy en día reconocemos este desarrollo como la liturgia de la palabra.

En estos primeros días, el celebrante de la liturgia tenía amplia libertad para componer sus propias oraciones para la misa. Sin embargo, pronto todos tenían las mismas normas ya que las diferentes comunidades comenzaron a adoptar las oraciones de sus celebrantes más elocuentes así como Hipólito (c. 215).

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