Buletin No 1

¿Qué es un Ministro Extraordinario? 


En resumen, un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión , es un laico o religioso que ha sido 

nombrado por el Obispo por un período de tiempo, o por un sacerdote para una ocasión singular, para ayudar al sacerdote o diácono en la distribución de la Sagrada Comunión a todos los fieles en un período de tiempo razonable. Es, por lo tanto, un privilegio al cual la Iglesia invita a ciertos individuos bajo ciertas circunstancias y no un derecho. La distribución de la Sagrada Comunión no debe ser vista como una ejecución más completa del sacerdocio que le pertenece a todos los creyentes en virtud de su bautismo, ya que ese sacerdocio está ordenado a la santificación del mundo a través de la vida pública del individuo, junto con su oración privada y sacrificio y no para hacer un culto público en nombre de la Iglesia. En su lugar, debe ser visto como el ejercicio de una función que es propia de los ordenados al sacerdocio, la cual, si es necesario, debe ser llevada a cabo por otros. Esto destaca la naturaleza extraordinaria de este servicio, el cual, más que ser parte de la estructura de la Iglesia, ésta ligado a las necesidades particulares que surgen por el número limitado del clero. 

El Papa Juan Pablo II señala ésto, en su instrucción Domenicae Cenae: 

El tocar las Sagradas Especies, su distribución con las propias manos es un privilegio de los ordenados, que indica una participación activa en el ministerio de la Eucaristía. Es obvio que la Iglesia puede conceder esa facultad a personas que no son ni sacerdotes ni diáconos, como son tanto los acólitos, en preparación para sus futuras ordenaciones, como otros laicos, que la han recibido por una justa necesidad, pero siempre después de una adecuada preparación. (Juan Pablo II, Domenicae Cenae, 11) 

Po lo tanto, el uso de ministros extraordinarios debe ser considerado como un signo de escasez de sacerdotes y diáconos, y debería ser una motivación para orar con el fin de incrementar las sagradas vocaciones al sacerdocio y el diaconado. Los ministros extraordinarios desempeñan un servicio muy valioso para la Iglesia supliendo esta necesidad temporal, pero es importante reconocer que este servicio corresponde a una situación extraordinaria en la vida de la Iglesia. 

¿Por qué la Iglesia regula la Liturgia? 

En cualquier documento que se refiere a las normas que provee la Iglesia para la regulación de la liturgia, podría surgir naturalmente la pregunta de por qué la Iglesia exige ciertos requisitos y guías en actos litúrgicos. Debe ser reconocido que esta regulación, algunas veces puede provocar una impresión de legalismo o control excesivo, especialmente en una cultura que valora la expresión individual y la autonomía. Para comenzar a entender este fenómeno, es importante recordar que la Iglesia no es primordialmente una institución o una asociación de individuos, pero sí es fundamentalmente, una comunión con Cristo la cual fue establecida por Él, existe a través de los vínculos de unión sagrados de los sacramentos y es expresada en ciertas formas concretas. Por lo tanto, la actividad de la Iglesia, especialmente su liturgia sagrada, es una expresión de esa comunión y de la herencia que ella ha recibido del Señor. Mientras recientemente se ha demostrado ampliamente la dimensión humana de la liturgia y las muchas maneras en las que puede ser adaptada a diferentes circunstancias concretas, ésta permanece, en esencia, un símbolo de esa comunión, algo compartido por creyentes a través del mundo. Como tal, no es propiedad de ningún individuo, sacerdote o comunidad local, sino que le pertenece a toda la Iglesia. Cambiar esos elementos de la liturgia que expresan su carácter universal sería aislar a la comunidad local de la amplia comunión de la Iglesia Católica y finalmente, hacer que su culto tenga un enfoque interno y arbitrario. La Iglesia proporciona ciertas guías y regulaciones para expresar el carácter universal de la adoración católica, enseñando que el carácter esencial de su oración pública es compartido a través del mundo y es recibido como parte de una tradición dinámica que se extiende hasta la misma acción de Cristo, mientras que al mismo tiempo proporciona flexibilidad suficiente para sentirse en casa en situaciones locales en todo el mundo. Las regulaciones discutidas en este documento deben ser entendidas con ese espíritu, no simplemente como reglas a seguir, sino como expresiones de la unidad de la Iglesia a través del mundo en su adoración común a Cristo. 

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